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Tras pandemia, crecen subocupación y empleo informal

Por Georgina Howard

Si bien las medidas para contener la propagación del coronavirus en México –incluyeron la paralización de labores económicas y el confinamiento de buena parte de la población desde mediados de marzo a la fecha– ocasionaron que 12 millones de trabajadores formales e informales salieran del mercado laboral, la subocupación y el empleo informal han evitado que la crisis de empleo en México sea más profunda.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan que el denominado sector informal ha sido, desde siempre, el que absorbía a una cantidad importante de trabajadores.

A julio del año pasado la ENOE registraba una tasa de informalidad de 56.3% de los trabajadores de la población económicamente activa (PEA), debido al Covid-19, la informalidad aunque también se redujo este año, ha mantenido tasas importantes del orden del 47.7, 51.8 y 53%, respectivamente.

El aumento del empleo informal significó que 22.6 millones de personas, sin contrato ni prestaciones, se sumaron a las filas de este sector que ha sido siempre un nicho de absorción de trabajadores en las crisis, sobre todo porque ante la falta de un seguro de desempleo es poca la gente que se declara abiertamente desempleada, por lo que no es un indicador útil para monitorear la situación como en otros países.

El fenómeno de la subocupación

Uno de los sectores, también medido por el Inegi, que ha permitido atemperar el duro golpe de la caída de la fuerza laboral en México por la pandemia, es la subocupación.

El total de mexicanos en situación de subocupación alcanzó niveles altos durante la pandemia. La subocupación representa a todos los mexicanos que, aunque tienen un empleo, se encuentran en búsqueda activa de otro, ya sea para completar sus necesidades económicas o porque tienen mayor disponibilidad de tiempo.

Sólo en un trimestre la subocupación casi se triplicó; en el periodo enero-marzo de 2020 se registraron 4.7 millones de trabajadores en esta condición y para abril-junio esta cifra se incrementó hasta 11.2 millones.

Esta situación puede explicarse por la precarización de las ocupaciones remuneradas como consecuencia de la crisis económica; muchos ocupados conservan sus empleos, pero con ingresos menores, o una suspensión de algunas prestaciones.
Por otro lado, también se puede expresar como un resultado de que todos los trabajadores que han visto reducidas sus jornadas laborales por el confinamiento tienen más tiempo para ofertar al mercado laboral.

Si bien el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció en agosto pasado que se generaron 14 mil empleos formales, de acuerdo con los datos de inscripción del IMSS, hay que entender que esa cifra sólo significa 0.014% de la población mayor de 15 años, o 0.024% de la PEA, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, instrumento estadístico nacional en materia de empleo.

El empleo formal no refleja las condiciones del empleo total en México. La mayoría de los empleados en México son informales. Según la encuesta telefónica ETOE que realiza el INEGI, la medida más eficiente para entender las condiciones de empleo en México es la tasa de participación económica.

A partir de ella sabemos cuál es el porcentaje de personas ocupadas dentro de la población

en edad de trabajar, en junio de 2019 era el 60.5% y en el mismo mes de este año es apenas el 53 por ciento.

Es decir, en junio del año pasado había 58.3 millones de mexicanos trabajando y para igual mes de este año 7.2 millones de mexicanos menos que los que había hace un año, una caída del empleo de 12.3 por ciento.

Como se puede apreciar, éstos son los números y las tendencias que se vislumbran en el sector laboral mexicano, muy lejano a tener condiciones de pleno empleo.

Hay que tomar en cuenta que en este marasmo de cifras oficiales y no oficiales hay mucha gente, principalmente mujeres, que desaparecen de estas estadísticas por el método de clasificación. Es la gente que forma parte de la población no económicamente activa (PNEA), pero que está en edad de trabajar, y que está disponible.

A ello se suma, por vez primera, otro dato de la PNEA en México, es decir, las personas que no están ocupadas ni buscan trabajo (52.5%), a la PEA (47.5 por ciento).

“El cambio en el mercado laboral no se está presentando en la desocupación; es decir, no pasaron por la transición de ocupados, desocupados, y después población que ya no busca empleo, sino que dieron un salto de manera directa de ocupados a ser PNEA, explicó el Inegi.

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