La profunda recesión industrial: el momento de la definición


El promedio de crecimiento de la industria en los primeros seis meses de 2020 es de (-)14.5% y en el sexenio de (-)5.8%. En junio, todos los componentes principales del sector industrial registraron tasas anuales negativas: ¿Cómo medidas aisladas (o puntuales) podrían enfrentar exitosamente este desafío?

• El momento para realizar una definición histórica ha llegado, México no faltará a esa cita, sin embargo se deberá observar cómo lo hará.

La recesión industrial no ha tocado fondo, la evolución del ciclo económico así lo muestra. En realidad, lo relevante es la respuesta a la interrogante sobre qué hará el Gobierno de México para enfrentar las consecuencias de una crisis que, además, tiene raíces estructurales.

Básicamente existen cuatro opciones que se derivan de dos líneas estratégicas:

  1. Aplicar medidas coyunturales y focalizadas que por su naturaleza podrían naufragar ante la mayor contracción industrial observada en 90 años.
  2. Instrumentar un Programa de Política Industrial Integral que alinee todos los esfuerzos, recursos y estrategias en México.

La primera opción suena pragmática y aplicable: medidas inmediatas para atender la emergencia, pero cuenta con un dilema: el desafío es su propia naturaleza, no atienden las causas sino las consecuencias. Mientras el origen de la crisis siga presente, sería destinar recursos escasos a un desequilibrio creciente.

La segunda opción tiene la capacidad de involucrar el corto, mediano y largo plazos: medidas focalizadas para atender la emergencia, combinadas con estrategias que permitan fortalecer el desarrollo social y el sistema productivo.

  • Su ventaja es que garantiza que los mecanismos estén articulados, se genere una ruta crítica de trabajo de interés nacional, evaluable, y que perdure más allá de tres años.

Tiene un punto en contra: durante los últimos 20 años la política económica nacional ha privilegiado el corto plazo. En esta ocasión, el Gobierno de México tiene la oportunidad de hacer historia y mostrar que se pueden atender las necesidades de corto, mediano y largo plazos, bajo la directriz del único mecanismo que ha tenido éxito en los últimos 50 años en el mundo: una política industrial integral que sea el germen de un estado de bienestar sostenible e incluyente.

El próximo 8 de septiembre, con la presentación de proyecto de presupuesto, se conocerá la decisión tomada.

¿Cuál es el mensaje de política económica que la actividad industrial sigue enviando?

  • México deberá definir la estrategia con la cual enfrentará uno de sus mayores desafíos en materia social y económica de los últimos 90 años.
    Sin lugar a dudas, junio es una primera muestra de que la apertura de la economía gradual tiene un efecto positivo al atenuar la contracción de la industria mexicana.

No obstante, al mismo tiempo constituye una prueba de los límites: la apertura no basta para evitar que el sector fabril siga deteriorándose.
Además, se debe considerar el efecto acumulado de la recesión económica en el ámbito industrial: ¿cuántas empresas podrán superar la coyuntura y en qué condiciones lo harán? La respuesta determinará la capacidad de creación de empleo.

Un elemento para dimensionar la magnitud del desafío:

  • Por crecimiento de la población, en 2020 el país requiere la generación de 100 mil empleos formales al mes.
  • Para recuperar los perdidos entre marzo y julio pasados, en el plazo de un año se requieren otros 90 mil mensuales.

En suma, se requieren casi 200 mil empleos formales cada mes para solventar la afectación de la crisis de 2020, más los que son necesarios para las nuevas generaciones a partir de 2021.

En dicho contexto, México tendrá que elegir entre cuatro alternativas básicas de política económica:

  1. No implementar un programa contracíclico para enfrentar la recesión.
    Básicamente dejar que la inercia de la crisis avance: que la reapertura gradual de la economía, el TMEC, la combinación de la estrategia de política social asistencial e inversión en tres grandes proyectos diseñados antes de la recesión sean el mecanismo para enfrentar la situación.
  2. Diseñar un programa adicional enfocado en atender algunos efectos puntuales de la crisis. En esencia, tratar de implementar estrategias aisladas (como acelerar la devolución del IVA o el pago oportuno a proveedores) para aliviar el problema de flujo financiero por el que atraviesan algunas empresas.
  3. Implementar un programa contracíclico de coyuntura, es decir, con un horizonte de tres a cinco años, fundamentalmente el tiempo estimado para que México regrese a los niveles que tenía el PIB en 2018. En esta categoría se encuentran programas como los de infraestructura (carretera, energética, vivienda, marítima, telecomunicaciones, etcétera), los cuales tendrían un efecto significativo, únicamente si van acompañados de una política de elevar el contenido nacional. Se puede considerar que la implementación de un programa de este tipo sería un paso para construir una relación de mayor confianza para la inversión.
  4. Implementar un programa de desarrollo industrial integral que le dé vida al estado de bienestar que México requiere. En realidad, esta alternativa representa el único camino para lograr una reactivación sostenible, vigorosa, de larga duración y de amplia inclusión social.